Dayron Gallardo: no morirá el rey…

Dayron Gallardo: no morirá el rey…

Es una pista para nada despreciable que el título de la última exposición personal del joven artista de la plástica Dayron Gallardo, Muere un rey entre fuentes y jardines, sea un verso del Poema de los dones de Jorge Luis Borges. Así, se disipan las dudas y queda clara la intención del artífice: conocer, entender, aprehender… todo lo que le rodea, todo aquello con lo que interacciona y todo lo que le suscita interrogantes viscerales. Y en esa pesquisa perenne, su actividad creadora ha devenido instrumento para escrudiñar lo que le inquieta: primero, la deshumanización, o más bien ese punto de inflexión donde se pierden aquellos valores que nos hacen seres humanos –trabajada con un lenguaje pleno de códigos en la serie Yo no soy un animal–; y luego, la búsqueda de ese estadio superior donde nimiedades de toda índole quedan relegadas –abordada en la serie Horizontes de luz–.Ambos intereses provienen de experiencias personales vividas intensamente, según se puede constatar al dialogar con Dayron; por lo cual, podría afirmarse que estamos en presencia de una obra profundamente autorreferencial. Mas, a diferencia de otros creadores que se valen de esta estrategia, la vivencia propia no es un motivo identificable en la pieza, sino el detonante. También se nutre de temas a los que el hombre se ha acercado desde múltiples aristas: la existencia de Dios y del alma, se pregunta qué es el amor y se cuestiona lo que se entiende por bello. Así, no debe extrañarnos que el estudio de la Filosofía, más que acompañamiento, constituya un complemento de las indagatorias de naturaleza netamente pictóricas. Gusta expresar los resultados al respecto a través de series; las cuales, en su caso, no implican el cierre de una etapa o indagatoria. Se trata más bien de escaños que precisan ser salvados y le dan sentido a las investigaciones de orden conceptual y estético que emprende, no solo como método de trabajo, sino como parte del proceso creativo.08-dayron-gallardo-1.jpgDicho todo esto podríamos afirmar entonces que su obra explora los derroteros de la espiritualidad. Y precisamente esa intención justifica el abandono de lo figurativo. De este modo, las escenas plagadas de personajes, al inicio de su carrera, poco a poco se fueron despojando de lo anecdótico en aras de dar paso a un panorama donde el protagonismo lo compartían pequeñas figuras –híbridos donde el referente natural se resistía a desaparecer por completo– y elementos propiamente pictóricos, entre los cuales destacaban el uso expresivo del color y el trabajo con las texturas.Ambos han adquirido un mayor peso en la serie más reciente, Far Horizons, puesta a consideración del público en la exposición antes mencionada, la cual tuvo lugar en la Galería Casa 8 entre los meses de junio y agosto del presente año. En ella, la abstracción ha triunfado con plenitud y han quedado atrás los guiños a elementos identificables. Ahora señorean las lucubraciones que el artista nos comparte: cavilaciones a las que pareciera querer darle forma de modo que podamos asirlas. A este afán, en parte, pudiera responder la vocación escultórica que han adquirido las pinturas; ya que, bastidor y lienzo han traspasado el papel de mero soporte para erigirse en parte intrínseca de la creación final. Este proceder, igualmente, delata su formación como grabador pues pudiera decirse que el tratamiento de esos dos componentes, se asemeja al que durante el grabado recibe la matriz.08-dayron-gallardo-2.jpgBasta dedicar unos minutos a la contemplación de las obras que componen la última serie y se podrá corroborar que la hermeticidad es algo que no se encontrará en la producción de Dayron. Ello no solo responde a la premisa que se ha impuesto de compartir la transformación que a lo largo de su todavía corta carrera ha ido experimentando; sino también, a la manera en que la fusión de pinceladas, matices y tramas que configuran un peculiar mapa al interior del lienzo, nos hacen vislumbrar la importancia de los pares dialógicos que le dan equilibrio a nuestra existencia, nos comunican distintos estados. A ellos, además, nos conduce a través de la incorporación del sonido (música empleada durante el proceso creativo y que ahora, de cierto modo, funciona como complemento de la pieza terminada). Sutil mecanismo que a la par de ofrecernos asideros, nos guia por su sui generis “jardín”: paraje remoto en el tiempo y el espacio, que remite a aquellos momentos igualmente distantes donde determinados valores morales eran inquebrantables, donde la nobleza del ser humano siempre salía victoriosa. Y seguramente victorioso saldrá este joven artista si mantiene como premisas fundamentales el estudio y la experimentación. Mucho le queda aún por recorrer, mas no va a tientas: Dayron tiene certeza del estado/lugar al cual desea arribar.

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