Enrique Wong Díaz: de la espontaneidad al trasfondo conceptual

Enrique Wong Díaz: de la espontaneidad al trasfondo conceptual

Actualmente, hablar de esquemas o estatismos es una quimera, más aún en lo referente a las artes visuales. Desplazarse de una manifestación artística a otra, imbricar algunas de estas, o incursionar en los nuevos medios, es una revelación coetánea que dista notablemente de los encasillamientos pasados. Por el contrario, ofrecen libertad creativa al despojarse de arquetipos y patrones preestablecidos.

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Enrique Wong Díaz es un artista cubano graduado de pintura por la Academia de Bellas Artes San Alejandro. Sin embargo, posee en su trayectoria numerosas composiciones escultóricas y otras que resultan una fusión de expresiones artísticas.

Wong se vale, por un lado, del soporte bidimensional para representar la figura humana y versar sobre sus contingencias. Mientras tanto, el trabajo con las tres dimensiones le provee comodidad, y lo conduce a la realización de obras directamente vinculadas a su espiritualidad y mundo emocional. En otras ocasiones, sus propuestas son una simbiosis de ambas, es decir, una especie de pintura objetual que no se divorcia de la escultura, y que posee la peculiaridad de alejarse de la figuración. Estas vertientes, que desarrolla paralelamente a su producción pictórica, constituyen otro medio de creación y un verdadero asidero experimental; lo convierten en un artista polifacético y mutante, en constante búsqueda y renovación.

En este sentido, la serie en proceso “Estado. Homenaje a Mark Rothko”, comenzada en 2017, deviene tributo al reconocido exponente del expresionismo abstracto, en quien Wong reconoce un referente subjetivo y formal. No es casual encontrar en estas obras empastes de acrílico sobre determinados materiales, y descubrir elementos que, con el hecho de extraerlos de la cotidianeidad e incorporarlos en esta suerte de collage matérico, se transmutan y juegan un rol fundamental.

Y es que los componentes que emplea no son elegidos al azar como meras materias primas, sino que en sí mismos subyace un valor estético y conceptual. (Re)dimensionar, (re)utilizar y (re)apropiarse de determinados elementos para añadirlos en nuevos proyectos, dialogan sobre la importancia de los objetos aun cuando han perdido la utilidad con que fueran concebidos. Estos, en definitiva, portan una historia y pueden ser (re)ciclados, manifestando el transcurso de los materiales: un proceso cíclico como la propia vida.

La subjetividad del artífice, así como sus impresiones e interpretaciones del universo, se dibujan en su psiquis cual paisaje del estado emocional. Los matices que utiliza refuerzan este concepto, en la medida en que cada color transmite estados de ánimo y energías diferentes. Así, recortes de textiles, escoria (residuos del hierro), madera, cartón, pintura acrílica y escombros arrojados por el hombre, se convierten en partes claves del engranaje. Una propuesta que rompe con los cánones: arte atrevido y divergente. A su vez, cada pieza de la serie se interrelaciona con su antecesora y la que le sucede, de manera que se construya una línea conceptual que convoque al espectador a repensar el universo situacional que afronta como individuo a lo largo de su existencia.

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“Transfiguraciones” (2015-2019) es otra secuencia artística que comparte el principio estético-conceptual de la serie antes referida. La reutilización de materiales, en este caso los desechos del trabajo con el metal, así como el acero, acetatos y fuentes de luz, son elementos que intervienen en estas creaciones. Los mismos, dispuestos de manera que coexisten como unidades, tienen un trasfondo de evidente anclaje a fenómenos históricos y sociales. Obras como La celda y El patriota, ponen de relieve aspectos identitarios del contexto nacional, referentes al proceso de lucha del país.

¿De dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos?, se presentan como cuestionamientos que atraviesan épocas y sociedades, y en la producción de Wong palpitan como prerrogativas constantes. Estas revelan la preocupación fundamental del artista como sujeto por el aquí y el allá, a través de esculturas no ordinarias que ameritan una profunda interpretación. Según el propio artista comenta:

“El ‘destino’ constituye la premisa de mi discurso, subyugada por las contradicciones persistentes en el hombre, en el ser, que trastocan todo intento de huir, de liberarse”.

Enrique Wong se reinventa continuamente. Motivado por la renovación y la liberación, vuelca su creatividad y produce piezas de diversos soportes, códigos y lenguajes, dotadas de expresividad y unificadas por un mismo principio: su actitud ante la vida.

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