La mejor forma de describir a la fotógrafa Marila Sarduy quizás sea remontándose al título de un libro de la que fue coautora, El cubano que habla con los ojos, pues para esta traductora visual del mundo que nos rodea, la imagen es la mejor manera de explicar los acontecimientos de la Cuba contemporánea. Cubaplus Latinos se acercó a la obra de esta artista del flash y las instantáneas para conocer un poco más sobre su óptica personal del mundo del lente:
¿Qué piensa sobre el desafío que plantea la foto digital al formato tradicional?
Pienso que el reto que le ha puesto la fotografía digital a la tradicional es considerablemente alto y esto ha hecho que se haya posesionado con firmeza entre un número de adeptos casi masivo.
La práctica y dominio de la fotografía analógica nos hará verdaderos fotógrafos, pero tampoco debería sorprender que un inexperto nos sorprenda con una excelente foto digital.
La digital cumple eficazmente una función social, ya que a segundos de ser tomada la foto puede ser mostrada y compartida en las redes sociales, enviada por correo electrónico o publicada en sitios web.
¿Cómo logran los fotógrafos actuales que las limitantes materiales en Cuba no hagan mella en una labor tan compleja como la fotografía?
El fotógrafo actual está en una gran encrucijada, incluso ya sea de pocos o muchos recursos, autodidacta o no. Muchos acuden a cursos con cámaras prestadas, incluso no profesionales, con la esperanza de algún día tener la propia. Pero si es mayor el entusiasmo y la creatividad; entonces hará sus fotos con lo que tenga a mano", que puede ir desde celulares hasta cámaras no profesionales.
La constancia de los fotógrafos cubanos y la calidad de sus propuestas se ve hoy en las salas de nuestras galerías y en las del mundo entero, independientemente de su poder adquisitivo.
¿Cree que la etapa épica de los fotógrafos cubanos Korda, Raúl Corrales y Liborio Nobal, entre otros, ya está en decadencia?
Yo adoro la fotografía de la etapa de la épica; estas instantáneas me extasían. Cada foto es un todo: hay originalidad, belleza, dramatismo dado por el color blanco y negro, el aporte anecdótico, la maestría con que se manejó la luz ambiente, así como el protagonismo y la naturalidad de la figura humana; son demasiadas cosas positivas como para pensar que algo tan bien elaborado pudiera estar en decadencia.
Ellos son una escuela, contaron vivencias únicas de nuestro proceso revolucionario, de la transformación social que se llevó a cabo. Todos estos motivos fotográficos están vigentes, aunque con otros criterios, con la visión particular de los fotógrafos de hoy. Ese es el compromiso nuestro con la etapa épica.
En su opinión, ¿cómo reflejan los fotógrafos cubanos la situación actual del país y sus vivencias?
Los fotógrafos cubanos tienen una obra muy rica y algunos han explorado la situación del país. Podemos encontrar la alusión a logros o transformaciones, pero también problemas sociales que vienen aparejados con los nuevos tiempos. Se incita a la reflexión.
Siempre están presentes los espacios urbanos, domésticos y la crítica consiguiente del estado deplorable de la vivienda cubana, así como la constancia visual del incremento de las prácticas religiosas, entre otras variantes.
Por último, ¿cómo clasificaría y dónde situaría su obra personal en la fotografía cubana contemporánea?
Yo hago cuantas fotos se me crucen en el camino y por ello he abordado disímiles temáticas: ballet, deporte, modas, naturaleza. Me gusta trabajar con la fotografía en blanco y negro en cualquiera de ellas.
También trabajo la fotografía arquitectónica pues me encanta destacar la obra constructiva del hombre, lo que me ha servido para llevar a la par una serie dedicada al patrimonio nacional. Sumo a esto una serie en la que intento encontrar verdaderas pinturas escudriñadas en la naturaleza.
De esta forma podemos apreciar cómo es que a esta fotógrafa con vocación de historiadora, logros como el Primer Premio del Concurso Fotográfico Lente Artístico y cargos como el de especialista en la Galería de Arte Wifredo Lam, no le han hecho olvidar el objetivo primario de aquellos enamorados del lente: capturar un instante y compartirlo para la posteridad.