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En Blanco y Trocadero

Charly Morales Valido, en: Cultura
En Blanco y Trocadero

Nieva en París. Mucho. Demasiado quizás. Pasado el instante de fascinación inicial, del beso que supuestamente sabe diferente en el frío, de tumbarse a crear angelitos, de enfangarse a posta con el pelotazo retozón, del muñeco improvisado y ñato, sin una puñetera zanahoria... Pasado todo eso la nieve es un verdaderamente un incordio. Bonito, pero incordio igual...

   Pero el fenómeno emociona al cubano, que si acaso ha visto alguna escarchita mañanera, o la densa neblina del amanecer en la llanura, pero nunca una nevada como Dios manda. Y con el calentamiento global, menos que menos. El invierno en Cuba es simbólico, puro formalismo del calendario, pretexto para forrarse un poco más y echarse un ronazo. Para entrar en calor...

   Como decía, nieva en París, y en ese Mural de la Emulación que es el Facebook, una amiga postea un "selfie" desde la Plaza de Trocadero, con la Torre Eiffel de fondo envuelta en su blanca palidez, casi invisible en la bruma. La bella cara de Luisa apenas se nota entre bufandas y gorros, pero es una foto tan espectacular como la posibilidad de tomársela.

   "Ahí tendría sentido la expresión de Blanco en Trocadero", le comenté, aunque la frase en cuestión, habanerísima ella, no fuera precisamente así ni tuviera nada que ver con París, la nieve o Luisa. Para los cubanos, "quedarse en Blanco y Trocadero" significa no tener idea de algo, desconocer sobre un asunto, no tener siquiera una remota pista sobre un tema puntual.

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   ¿De dónde salió esa expresión? Solo sé que se refiere a la intersección de las calles Blanco y Trocadero, en Centro Habana. De Blanco no se habla demasiado, pero en Trocadero 162 vivió José Lezama Lima, el monumental autor de la novela Paradiso, asmático fumador de puros y maldito durante años, hasta que la cordura lo sacó del injusto ostracismo.

   ¿Qué había en Blanco y Trocadero que lo inmortalizó en el habla popular? Si el maestro Eduardo Robreño estuviera vivo, quizás lo sabría, o tal vez Argelio Santiesteban y Ciro Bianchi, dos arqueólogos del costumbrismo. Como cruce de calles le falta el trajín de Infanta y San Lázaro, 23 y M, Zapata y 12, Cuatro Caminos o las esquinas de Tejas y Toyo.

   Blanco y Trocadero no es Prado y Neptuno, a donde iba una chiquita que todos los hombres la tenían que mirar, y cuya generosa grupa y notable "pechonalidad" eran puro atrezzo, pero le inspiró a Enrique Jorrín el chachachá La Engañadora. Tampoco tiene la impronta mística de ese "Salud y Belascoaín" que algunos le apostillan al "Luz y Progreso" de los espiritistas.

   Poco se encuentra en Internet del asunto, salvo una novela manuscrita que circuló en el "underground" cubano de los años '70. He buscado y preguntado donde he podido, pero a falta de opciones, espero que los lectores de CubaPLUS me iluminen, porque ahora mismo, lo confieso, estoy en Blanco y Trocadero...

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