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Días de habano

Días de habano

Siempre me he preguntado por qué demonios al habano lo llaman así, si en la capital solo los tuercen, les ponen el anillo, los venden y los trafican… Prefiero llamarles puros, brevas e incluso vitolas, porque tagarnina suena feo. Y huele peor…

Dicen los que saben que el habano se distingue por su impecable capa, los matices de su tripa, el aroma en boca, la profundidad de su tirada, el trago con que se marida y por tener una muerte digna y reposada. No merece, en otras palabras, acabar como un cabo “mascao”.

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Hay algo fascinante y a la vez contradictorio en el mundo del habano: el abismo social entre quienes lo producen y quienes se lo fuman. La humildad de su origen contrasta con la ostentación del puro devenido símbolo de estatus, cuando fumárselo es lo de menos.

Pero claro, no sabe igual un tabaco bodeguero de a peso, ideal lo mismo para marearse que para echárselo a un santo, que un Cohíba premium adquirido en subasta y conservado en un humidor cabinet de 300 mil dólares. Lo bueno, sabido es, nunca sale barato.

 

Cada año, los cubanos vemos de refilón el Festival del Habano: tanto expertos como fumadores de anilla se suman a este frenesí en la tierra -sin chovinismo- del mejor tabaco del mundo. Son varios días de cenas, presentaciones, catas y gastar el dinero a chorros.

Algunos expertos, como el sommelier español José Joaquín Cortés, estima que este evento se ha reducido a fumar, beber, comer y vender souvenirs en los espacios de exposición, por eso se impone renovar el Festival. Que no es, por cierto, lo único que precisa cambios.

Según Habanos S.A., este sector ingresó unos 500 millones de dólares en 2017, a pesar de la restricción de ventas en el mercado que más compraría, Estados Unidos. Uno creería que con tales ganancias el sector tabacalero marcharía sobre ruedas, pero no es así…

De hecho, varios productores han confesado a CubaPLUS que el tabaco es más difícil cobrarlo que cultivarlo. Y ahí hay otra gran paradoja nacional: un productor de ajo gana más que un productor del único rubro en que Cuba es verdaderamente líder mundial. Locura…

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La burocracia, los retrasos en los pagos, las tarifas irrisorias, y la ausencia de insumos e incentivos, como el derecho a torcer y vender sus vitolas, siembran el desencanto entre muchos productores que se mantienen fieles a este cultivo casi que por costumbre.

La posibilidad -lejana pero real- de que se resienta el cultivo de tabaco debería activar las alarmas de cualquiera con sentido económico, de nación o simplemente común: la muerte digna dejémosla para el habano.

 

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