La Bienal es una vitrina que se abre, a pesar de su rigurosa selección. Cuando se inició, uno de los principales pilares era invitar a artistas del Tercer Mundo, que no eran beneficiados por el mercado del arte, y aquí tenían la oportunidad de ser apreciados por curadores y diferentes personalidades. También empezaron a venir grandes figuras para que interactuáramos todos.
Pertenezco al colectivo The-Merger y en esta edición hemos sido invitados a diferentes proyectos, por ejemplo, a la exposición conmemorativa en la Estación Cultural de Línea, que recoge muestras relevantes de estos 40 años de la Bienal.
En este caso, presentamos piezas que exhibimos en la novena edición: viejos refrigeradores estadounidenses intervenidos por artistas, en una exposición muy bien acogida e itinerante por diferentes partes del mundo, como Seúl, Madrid, París y Milán, con muy buena crítica.
También presentamos realizaciones en la sección “Detrás del Muro”, en el Malecón; en el Museo Napoleónico; en nuestra sede principal, La lavandería, y también tenemos sorpresas.