Carnavales y comparsas en Cuba

Carnavales y comparsas en Cuba

Danza

Por Nina Pereira

Muy variadas son las costumbres que se han ido forjando en Cuba al calor de los carnavales, esos festejos que marcan épocas en el mundo y que en esta isla caribeña se han distinguido por su animación y cierta sana rivalidad entre participantes, pero que a veces pasa a mayores, como sucedió en La Habana a principios del siglo XIX.

Bailador por excelencia, para el cubano, en diversas regiones del país, ha sido siempre importante el papel de las comparsas, que hacen gala de ritmo, música, vestuario vistoso, originales accesorios e ingeniosas coreografías, conjuntos, varios de los cuales, existen incluso en nuestros días.

Una de ellas es la de El Alacrán, de la citadina barriada del Cerro, zona popular, populosa y muy musical, que en los festejos de 1912 se encontró en su recorrido con su rival, la comparsa de El Gavilán, específicamente en la céntrica intersección de Belascoaín y San Lázaro, y estalló la reyerta.

Por esas diferencias, estaba establecido que las comparsas solo podían desfilar en sus barrios, pero en el año citado el alcalde Fernando Freyre de Andrade autorizó el libre movimiento por la ciudad.

Cuentan los cronistas que el encontronazo entre El Alacrán y El Gavilán concluyó con tres muertos, varios heridos y —toda una tragedia espiritual— la captura del estandarte alacranero por los gavilanes, quienes lo enterraron para marcar su superioridad.

La reivindicación era cuestión de honor y no se hizo esperar. Los de El Alacrán encontraron y desenterraron su símbolo, con saldos también lamentables de lesionados.

El impacto de estos sucesos condujo a la prohibición de los desfiles de carnavales por más de una veintena de años, y solo se restablecieron para 1938.