Chorro de Maíta, enriquecedor viaje al pasado

Chorro de Maíta, enriquecedor viaje al pasado

Destinos

Irene Ferrer

Una visita al sitio arqueológico y museo del Chorro de Maíta, en el oriente de la isla, constituye un auténtico y enriquecedor viaje al pasado, que permite entrar en contacto con interesantes huellas de los primigenios habitantes de las tierras cubanas.

En el lugar se encuentra el mayor enterramiento aborigen encontrado en Cuba, de notable relevancia en las Antillas, correspondiente a la cultura agroalfarera taína, donde se hallaron evidencias de un apreciable desarrollo técnico-económico a partir de sus ritos, hábitos funerarios y elaboración de ornamentos y objetos, entre otras.

Especialistas estiman que aproximadamente de 1440 a 1540 indígenas de la etnia aruaca habitaron esos predios, ubicados en el cerro de Yaguajay, perteneciente hoy al municipio de Banes, llamado capital arqueológica de Cuba.

Alrededor de 1930 comenzaron las exploraciones del territorio, que cobraron auge en 1976, y sobre todo desde 1986, a partir de expediciones de científicos cubanos encabezados por el prestigioso arqueólogo José Manuel Guarch.

Cerca de 200 enterramientos fueron encontrados en el lugar, así como diversidad de objetos, entre ellos tributos funerarios, artículos domésticos de faenas de pesca, caza, elaboración de alimentos, y ornamentos, algunos de metales preciosos.

La riqueza de los hallazgos llevó a la decisión de constituir allí un museo in situ, complementado con una edificación que exhibe las piezas encontradas. El museo fue inaugurado el 1 de noviembre de 1990 y declarado Monumento Nacional al año siguiente. 

Historiadores destacan que en Chorro de Maíta se detectaron todas las formas de enterramiento registradas no solo en el país, sino en el Caribe, además de variantes nunca antes encontradas.

Entre otros aspectos de interés está asimismo el hallazgo de artículos y enterramientos cristianos, restos aparentemente de una princesa mexicana a juzgar por sus atributos y un medallón propio de los habitantes de la actual Venezuela.

Y para que se conozca también la vida de aquellos añejos tiempos, en el lugar se levanta una aldea taína reproducida con toda fidelidad, en la que figuran 38 esculturas humanas de absoluto realismo, sus vestimentas y ornamentos, viviendas, terrenos de labranza, objetos de juego y otros.