Aun cuando, como afirman algunos especialistas, Dámaso Pérez Prado no fuera el creador del mambo, sí es indiscutible que fue él quien lo llevó al máximo de su esplendor en la década de los cincuenta del siglo XX.
Este grande del pentagrama cubano, a pesar de que vivió la mayor parte de su tiempo en México, comenzó su carrera artística como instrumentista de la charanga de Senén Súrez en Matanzas, ciudad en la cual nació el 11 de diciembre de 1917.
Ya en 1940 se traslada a La Habana, donde trabajó como pianista en famosas orquestas de cabarets hasta incorporarse a la de Paulina &Aálvarez, la máxima intérprete del danzonete cubano.
Este paso suyo por tantas agrupaciones de prestigio, entre las que sobresale Casino de la Playa, le permitió especializarse en los arreglos y beber en las fuentes de lo que, algún tiempo después sería su mambo, heredero, como el chachachá, del danzón: baile nacional cubano.
Ya en 1946, Dámaso había manifestado a un periodista que estaba trabajando en un estilo musical nuevo y al que calificaba como son mambo. Pero casi al mismo tiempo músicos como Arsenio Rodríguez y los Hermanos López introducían el término mambo en sus composiciones.
Según Arsenio &los descendientes de congos tocan una música que se llama tambor de yuca y en las controversias que forman uno y otro cantante, siguiendo el ritmo me inspiré y esa es la base verdadera del mambo".
Algunos especialistas señalan a Orestes López como creador del ritmo que tradicionalmente se le ha atribuido a Pérez Prado. Lo cierto es que, sabiendo que todos los que lo utilizaron tocaban juntos en centros nocturnos y descargas, el mambo puede haber sido el resultado de una creación colectiva en la que no pueden dejar de mencionarse a Bebo Valdés, el niño Rivera y René Hernández.
Según el musicólogo Leonardo Acosta, &el mambo era algo que estaba en el ambiente" y este nuevo ritmo lo venía cultivando más de un músico.
Afirma Acosta que Pérez Prado tuvo la idea de crear a partir de las células básicas del mambo algo muy distinto a lo de sus predecesores, e introdujo los cluster o racimos de notas en la música cubana, igual que lo hizo Thelonius Monk con el jazz, y tomó del danzón mambo solo el nombre.
Pérez Prado triunfó tanto en México como en Estados Unidos y su música recorrió el planeta, y aunque experimentó con otros ritmos, con ninguno alcanzaría tanto éxito como con el mambo, del cual para Cuba y el mundo es su rey.