La Plaza de la Catedral, donde se conjugan atractivo y armonía

La Plaza de la Catedral, donde se conjugan atractivo y armonía

Herencia y Tradición

Por Rose Ross

La Plaza de la Catedral (antes Plaza de la Ciénaga), es una de las más bellas de La Habana colonial y fue la última de las principales plazas en formarse, después de la de Armas. En la segunda mitad del siglo XVI algunos vecinos construyeron allí sus viviendas, llamándola "de la Ciénaga" porque allí llegaban las aguas que corrían a lo largo de la villa para desembocar al mar y se inundaba con las mareas.

Por esa razón, el primer acueducto que tuvo La Habana, la Zanja Real, desaguaba por el boquete abierto en un muro de la plaza, espacio hoy conocido como Callejón del Chorro. En el siglo XVIII se fue transformando en uno de los centros fundamentales de la ciudad, pues familias adineradas de la sociedad habanera de entonces construyeron mansiones que aún perduran.

Su aspecto cambió totalmente y su nombre también, convirtiéndose en Plaza de la Catedral después que fue elevada a este rango la antigua Iglesia de la Compañía de Jesús, que sobresale en uno de sus extremos.

Entre las edificaciones que se pueden encontrar rodeando esta plaza están la Casa del Marqués de Arcos, la Casa del Marqués de Aguas Claras (hoy restaurante El Patio), la Casa de don Luis Chacón, Conde de Casa Bayona (Museo de Arte Colonial) y el Palacio de Lombillo (actualmente pertenece al Plan Maestro de Revitalización del Centro Histórico), entre otras.

La Plaza de la Catedral, de gran belleza arquitectónica y valor histórico, es un sitio acogedor y monumental, indisoluble del alma habanera. Ha sido escenario de diversos sucesos de carácter histórico, político y social. Los artesanos, comerciantes, creadores de todas las manifestaciones del arte y las letras, se congregaban en esta Plaza, considerada la más atractiva y armoniosa del continente.