Uno, dos y tres, qué paso más chévere

Uno, dos y tres, qué paso más chévere

Herencia y Tradición

Por Fabiana Matamoros

Al ritmo de tambores y los más rústicos instrumentos se mueve la arrolladora conga. Con trajes coloridos, personajes encima de zancos y bailarines que desprenden pura alegría luce el acontecimiento que invade al pueblo de música y algarabía. Es imposible no dejarse llevar por el coro vocal y coreográfico que se improvisa, sin complejidad alguna, para que todos los invitados lo sigan. Así sucede en los carnavales de la Isla, en las gradas defendiendo un equipo de béisbol e, incluso, en las calles de la Habana Vieja, donde es frecuente toparse con los zanqueros, una compañía que alegra las calles de la ciudad bailando sobre zancos al ritmo de la conga.Este baile popular surgió en la época de la esclavitud, cuando Cuba se encontraba bajo el dominio español y los esclavos negros tenían en este ritmo una forma de divertirse en sus pocos días de descanso. El protagonista musical de la conga es el tambor, pero con el suenan cencerros, campanas, tumbadoras, sartenes, bombos y trompetas.Aunque la conga se practica en toda Cuba, hay una que se distingue por encima de todas: la conga santiaguera. Nació en 1900 en el barrio Los Hoyos y tiene una sonoridad inconfundible que se caracteriza por la corneta china. El sonido de la corneta anuncia que la fiesta empieza y se comienza a «arrollar» por las calles bajo el un dos tres sin saber hasta dónde, porque la conga cubana es irresistible.«Y para despedirme que canten los cantantes», como dice la famosa conga santiaguera Añoranza por la conga.