La Dionisia y la historia del café

La Dionisia y la historia del café

Destinos

Por Yahumila Hidalgo Ceruto Fotos: Dany Hernández / Xelvatic Imágenes

Parte de la leyenda del cultivo del grano en el país y uno de los sitios patrimoniales de la provincia de Matanzas.

Las ruinas del cafetal La Dionisia, en Matanzas, se mantienen en pie con la obstinación de las antiguas construcciones que insisten en ser testimonios del pasado. Historia y naturaleza se mezclan en este sitio, huella de las migraciones de colonos franceses hacia Cuba, del surgimiento de fincas cafetaleras que se multiplicaron en diferentes puntos de la Isla y el uso de mano esclava para el cultivo del valioso grano.

La Dionisia y la historia del café

Cuando se viaja rumbo a Varadero, desde la ciudad de Matanzas, a pocos metros del puente sobre el río Canímar, se encuentra La Dionisia. La génesis del lugar, declarado Monumento Nacional, comienza a finales del 1791, cuando se produce la Revolución de Haití, que provoca la fuga de miles de colonos blancos hacia Cuba y otras regiones.

Uno de estos colonos, el francés Francisco Rubbier Durán, compra 130 hectáreas de tierra, con la intención de dedicarlas al cultivo de café, plátanos y piña. En 1920 se ubica la construcción del sitio, que entre otros elementos cuenta con una hermosa casa vivienda techada con tejas de barro, todavía en pie hoy día. Los muros de los barracones de esclavos persisten aún entre la maleza en una simbiosis que los hace parecer como surgidos de la tierra de forma natural, aunque realmente estas piedras encierran la dolorosa historia de cientos de esclavos que vivieron allí.

Se cuenta que se dedicaban cuatro habitaciones al “apareamiento forzoso”. La práctica funcionaba de la siguiente manera: seleccionaban algunos negros para sementales, se sacaban de la dotación a las mejores mujeres para ser madres y los obligaban a tener relaciones. Otras habitaciones se destinaban a que las esclavas a punto de parir tuvieran a sus hijos. En los cuartos contiguos estaba el criadero de criollitos, adonde llevaban a los niños que eran cuidados por algunas mujeres de la dotación, mientras que las otras iban a trabajar. Un avezado guía revela a quienes visiten el lugar, administrado por el Grupo Empresarial Flora y Fauna, algunos hechos que allí vivieron sus habitantes, repetidos de boca en boca a las generaciones de descendientes.

La Dionisia y la historia del café

Estas fincas se concebían para ser todo un sistema que garantizara la producción del café de principio a fin, con mecanismos para obtener agua, caminos, secaderos del grano, árboles frutales y otros cultivos para la alimentación, además de la casa vivienda y los barracones de esclavos. Se conserva todavía en el cafetal matancero la noria y el pozo usados para obtener agua. Apreciar cómo es funcional este mecanismo hidráulico de antaño, en la actualidad, es un atractivo que conecta con la cotidianeidad de aquellos días en que llevaba el agua a los lavaderos de café.

El restaurante, donde se mezcla el olor a guano de su cubierta con el de la piña, la guayaba, el mango y un café preparado de forma artesanal, invita a detenerse para el disfrute del paladar con platos elaborados a partir de recetas tradicionales, mientras los suaves sonidos del campo se unen al agasajo de los visitantes. Quienes gusten de la cabalgata pueden recorrer a caballo, y entre árboles, los caminos del lugar.

Es una opción para el disfrute en un entorno natural, de paseos a caballo y una comida preparada con el sabor local, además de adentrarnos en algunas de las esencias que han ido conformando a la nación cubana.