Cristhian González-Téllez del Río, La nuevas posibilidades de la creación

Cristhian González-Téllez del Río, La nuevas posibilidades de la creación

Artes Visuales

Por Alain Planells / Fotos: Cortesía del artista

05-cristhial-gonzalez-tellez-rio-1.jpgRío son los de una mujer —su madre— pintando en el suelo de una casa en el campo, alejada de todo el bullicio citadino.

Luego, el colorido y la energía de la naturaleza, las diferentes tonalidades de verde sobre todo, y el carácter positivo y cargado de espiritualidad de sus primeros conocidos, se convirtieron también en motivos de una vida enrumbada por los derroteros de las artes.

Sus aptitudes se extienden a la pintura y la escultura, pero se prefiere dibujante de universos paralelos una vez que en su temprana juventud sus pies apoyaran la tierra y comenzara a observar la vida con mayor nitidez.

En exclusiva con Cubaplus latinos, Cristhian repasó los principales momentos de una vida ocupada por su obras, de las que le cuesta trabajo desprenderse una vez terminadas.

Sus motivaciones se resuelven casi siempre a través del cuerpo femenino, extendido a casi todas sus piezas.

Cristhian González-Téllez del Río, La nuevas posibilidades de la creación

El dibujante en Cristhian se complace en representar a las mujeres, tanto desde su belleza física como desde su espiritualidad y conflictos. Las musas que acuden provienen en su mayoría del mundo del espectáculo, bailarinas sobre todo, de ahí que trate también de recrear los sacrificios de la profesión a partir de la sacra e íntima confesión obtenida de primera mano.

Y aquí repara en la belleza del cuerpo femenino, sensual, delicado, sugerente, motivos suficientes para justificar lo fundamental que es y será en su obra.

Media decena de exposiciones personales, repartidas entre La Habana y Nueva York, y unas cuarenta comparecencias colectivas reafirman un afán por el dibujo que Cristhian adjudica a su formación en la academia de San Alejandro.

Varios profesores de la prestigiada institución calaron en la irreverencia del entonces joven artista, entre ellos, dos a los que recuerda por sus apellidos: Trujillo y Cuelli, muy exigentes, especialmente el último, en la exquisitez y factura de los trabajos encomendados.

Ergo, aparecen los otros referentes, aquellos artistas por los que se siente atraído y al igual que él demoran en la ejecución de determinadas piezas, como es el caso de los grandes maestros renacentistas Miguel Ángel y Leonardo da Vinci.

Cristhian González-Téllez del Río, La nuevas posibilidades de la creación

Siguen, en una escala ascendente, El Bosco, dueño de una obra meticulosamente desarrollada a la cual reverencia, y Salvador Dalí, quien le fascina desde pequeño y lo impulsa creativamente, sin tratar de emularlo, claro está.

Al referirse a sus piezas, todas tienen un valor entrañable para él, tanto por la idea a representar como por el resultado final, derivado de un estado intermedio de la persona, en la que una parte del individuo asiente sobre su existencia terrenal, en tanto la otra mitad divaga en el éter.

Los proyectos más inmediatos de Cristhian se constriñen a una etapa de experimentación cromática, sugerencia de un galerista neoyorquino. Este nuevo período supone una creación más libre, repleta de matices gracias a la variedad de colores, a través de los cuales se pueden generar determinadas atmósferas y transmitir varios sentimientos como dolor, frustración, desencanto y liberación.

Resuelto sobre la tela o la cartulina, Cristhian González-Téllez del Río cree que lo mejor de su obra está por venir, no lo ha hecho aún y le falta mucho por descubrir.

En la búsqueda de su obra más completa, experimenta con los colores y con la técnica en el desarrollo de una iconografía propia que permita al público distinguirlo entre el concierto de universos existentes.