“Recuerdo mi niñez con mucho cariño. Pasaba gran parte de mis días en la Casa de Cultura de mi pueblo natal, San Antonio de los Baños. Fui una niña demasiado intranquila. Me gustaba mucho bailar y me llevaron a clases de ballet con cinco años. En el mismo espacio donde las impartían, también daban talleres de artes plásticas y, ya entrando en la adolescencia, me decidí solo por esta última especialidad. Gracias a esta experiencia, conocí las técnicas de dibujo, collage, pintura, grabado y, con 13 años, pude realizar mi primera exposición personal con la técnica del calado”. Es Evelyn Aguilar Sánchez (1991) quien comparte con CubaPLUS esos primeros pasos que la llevaron a ser la artista que es.
La inspiración en el arte es el estímulo que busca el autor para hacer sentir al espectador, emocionarlo y estimularlo. Es esa musa que va y viene sin dar cuentas, pero que es necesaria para el trabajo de todo artista. En Evelyn, las motivaciones siempre vienen desde distintas direcciones: “Los caminos que llevan a la creación de una obra no siempre se planifican y no tienen un orden de relevancia. En ocasiones, una canción o una conversación pueden ser suficientes para remitirte a un posible cuadro o idea artística. En mi caso, me gusta mucho la experiencia del proceso, todos son distintos y trato de disfrutar cada momento mientras creo”.
Ella conjuga en sus obras varias técnicas y las distintas direcciones de sus motivaciones también contribuyen a su materialización. “Existen ideas que para una mejor comprensión del espectador o simplemente la ejecución de la misma, se necesitan medios diversos. Cada medio tiene un lenguaje propio y esto nos facilita el cómo vamos a ejecutar una idea. Soy artista visual, pero también soy espectadora y reconozco la sensibilidad que puede transmitir una pintura, una video-instalación, un dibujo, collage, escultura…, entre otros”.
El oficio de crear es una forma universal de expresión, tan elemental como hablar o cantar y el profesor debe ayudar a sus alumnos a expresar de diferentes maneras sus ideas y emociones a través de la apreciación y la labor en el aula. Esta faceta para Aguilar Sánchez, quien se desempeña como profesora en la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro, en la especialidad de Grabado, es todo un reto. “Cuando comencé a impartir clases no tenía ni idea de lo mucho que aprendemos de nuestros estudiantes. Todos los días representan un nuevo reto para mantenerlos motivados, empatizar con sus individualidades, deseos y aspiraciones. Es de suma importancia que el alumno vea normas establecidas en clase en cuanto al aprendizaje, pero que también el aula sea un espacio de confort donde puedan expresarse desde la autenticidad. Creo que necesitamos artistas más sinceros: artistas”.
El arte, para ella, es un testimonio de la Historia Universal, compuesta por pequeñas microhistorias desde la visión muy particular del hombre. “En mi caso, tengo la necesidad de dejar plasmado gran parte de lo que me acontece. Digamos que para mí el arte ha sido una herramienta para transmitir mis experiencias de vida en un contexto donde los límites los planteas tú. Además de mi necesidad muy personal de guardar desde este, esos espacios de vida que nos definen para siempre”.
Desde pequeña, como aparece al inicio de este trabajo, a esta artista visual la define un sustantivo, intranquila, y al pedirle que se defina con un vocablo dice: “Creo que la intranquilidad, que es no dejar de crear y siempre estar buscando nuevas ideas y variantes de cómo reflejar lo que me rodea desde el arte”.