Raudel del Llano Hernández, nació en la más occidental de las provincias cubanas, Pinar del Río. Estudió Diseño Industrial en La Habana y comenta que su interés por la fotografía se le despertó en esa época, gracias a la carrera que cursaba.
La inspiración en capturar y graficar la naturaleza le llegó a través de la espeleología (ciencia que estudia los accidentes cársicos), cuando en 1998 se integró al recién fundado Grupo de Espeleología y Deportes de Aventura (GEDA) de la Sociedad Espeleológica de Cuba, de la cual es un miembro activo y forma parte de su junta directiva.
“Enseguida me hice de una cámara para poder llevarme a casa todas las maravillas que veía en cada expedición”, declaró en entrevista concedida a CubaPLUS Latinos.
Nos cuenta que el mundo de la fotografía lo ha asumido como un hobby, una forma de disfrute personal, aunque también ha realizado exposiciones, algunos trabajos fotográficos y participado en varios eventos.
“Mostrar las fotos que uno hace, siempre es un anhelo, permite que las personas más citadinas se acerquen a la naturaleza, logren apreciarla y se concienticen de la necesidad del cuidado y protección del medio ambiente”, consideró.
“He realizado varias exposiciones personales, como Claro oscuro y Ecos de Vida, en las galerías Korda y Ecos del paisaje en la Arturo Regueiro, respectivamente, (ambas en Pinar del Río). Esta última la presenté posteriormente en el Parque Histórico Militar Morro-Cabaña. He formado parte de algunas colectivas como Manos Laboriosas, del proyecto OP-15, en la Casa Humboldt de la Oficina del Historiador de La Habana, y en tres festivales Madre Tierra, organizados por el desaparecido cantante ambientalista Osmel Francis Turner y su proyecto ecológico, La Isla Verde, donde fui activista por varios años”, añadió.
“En el ámbito espeleológico he recibido varios premios, el de la Popularidad en el concurso de fotografía de Naturaleza Ecovida 2013; Primer Premio en el concurso Jóvenes en el Lente en 2014 en la categoría de Fotorreportaje, también en certámenes organizados por la Sociedad Espeleológica de Cuba, entre ellos el Primer Lugar en el concurso fotográfico Sara Isalgue in memoriam del año 2018”, explicó.
“La fotografía de naturaleza, continuó, siempre viene acompañada de retos y anécdotas, lugares de difícil acceso que ocultan imágenes y fenómenos sorprendentes, como el comportamiento de la vida animal, acompañado de amaneceres y atardeceres únicos”.
Uno de sus espacios favoritos para instantáneas son las cuevas que han sido su mayor escuela y un gran reto. Demandan de dominio y un estudio minucioso del espacio, por sus complejas características, una oscuridad absoluta, con pocos sitios donde colocar las luces y el trípode, elementos imprescindibles para resaltar los maravillosos y ocultos espeleo temas que atesoran esos espacios.
Los objetivos pueden ser grandes salones, donde la modalidad de ambiente con modelo te permite mostrar una visión más abarcadora y real del tamaño y esplendor del espacio, pequeñas e interesantes formaciones o la espeleofauna, representada en su mayoría por murciélagos, artrópodos, algún pequeño lago con peces ciegos o un sijú cotunto refugiado en el umbral de la caverna.
“La fotografía de fauna, sobre todo de aves, mariposas o murciélagos, que poseen la característica del vuelo, siempre es un reto; es necesario combinar varias circunstancias para llevarse el “gato al agua”. Para lograr una buena instantánea se necesita paciencia, la oportunidad, destreza en el manejo de la cámara y el conocimiento del entorno de cada una de las especies. A veces hay que lograr el enfoque en pleno movimiento”, sentenció.
Del Llano nos cuenta sobre una de las visitas que realizó a la cueva Guevara en la Sierra La Guasasa, en Viñales, Pinar del Río, en el 2011, junto a un grupo de amigos y fotógrafos. Pernoctaron justo en su entrada, ubicada en una pared vertical a mitad de un alto mogote, con el objetivo de captar las primeras luces del amanecer, matizado con la increíble vista del valle. Llegó justo como lo imaginaban y con el plus de una densa capa de niebla, todo un éxtasis para la vista, que solo duró unos escasos minutos, donde logró capturar una de sus mejores fotos, soy testigo de ese momento.
A través de sus fotos este artista del lente persigue el objetivo de bridar conocimiento gráfico de las increíbles maravillas de la naturaleza cubana, de sus espacios más escondidos y de difícil acceso. Abraza la idea de llevar la luz de sus flashes a las tinieblas de las espeluncas, para que, quienes no visiten las cuevas puedan observar los tesoros que ocultan.
La cámara nunca falta dentro de su mochila de campaña, engrosan su historial como espeleólogo y fotógrafo de naturaleza, varios ascensos al Pan de Guajaibón, la mayor altura del occidente cubano y también al Pico Turquino en el otro extremo del archipiélago.
Considera que la magia de la naturaleza está en todas partes y siempre hay oportunidad de inmortalizarla en una instantánea y, para esto, aprovecha cada uno de los espacios conocidos; no importa lo accidentado del terreno o la dificultad de una escalada o un descenso a las entrañas de la tierra, pues también domina técnicas del alpinismo con cuerdas que le han permitido descender grandes verticales como el Hoyo de Morlotte, en la oriental provincia de Granma, y captar fotos únicas de una naturaleza en aislamiento.
Con todo eso, quiere ayudar a la conservación y conocimiento del medio natural por aquel principio de que: “no se cuida lo que no se conoce”. Le gustaría llegar de la mano de la fotografía a muchos más lugares insólitos e inexplorados para poder fotografiar especies endémicas y en peligro de extinción, una manera de extender y dar a conocer a mayor cantidad de público la belleza irrepetible de la geografía tropical cubana.
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Raudel del Llano Hernández