Una cubana en el Polo Norte, sueño alcanzado

Una cubana en el Polo Norte, sueño alcanzado

Medio Ambiente

POR MERCY RAMOS FOTOS: CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA

Para la bióloga cubana Laura Castro de la Guardia pensar en el Ártico y sus mares congelados, cuando cursaba sus estudios en la Universidad de La Habana, era un sueño de hadas, inalcanzable. Sin embargo, apenas cinco años después de graduada se convertiría en la primera cubana que pisara el Polo Norte.

02-cubana-polo-norte-1.jpgNacida en La Habana, desde pequeña esta joven bióloga amó la naturaleza e indagaba siempre el porqué de cada cosa que veía en su entorno y gracias a su mamá, también bióloga, lograba saldar todas sus inquietudes sobre el tema. Así comenzó su conversación con esta periodista, que, no obstante la distancia, pudo entrevistarla, gracias a los avances de la tecnología.

En un principio, contó Laura, “me dediqué a participar con mi mamá en la investigación de arrecifes coralinos y el efecto del cambio climático en este ecosistema marino. Luego tuve la oportunidad de emigrar a Canadá, a una ciudad bastante al norte y fría, Edmonton, y sorprendentemente me ha encantado vivir en este clima, y no me imagino volver a vivir sin nieve”.

Ya en esa urbe, Laura ingresó en la Universidad de Alberta para completar su licenciatura en Biología, posteriormente realizó una maestría y después el doctorado, concluido en el 2018. A partir de entonces trabaja como investigadora en ese centro de altos estudios y actualmente en la Universidad de Manitoba, Winnipeg, a distancia, en la posición de postdoctoral.

02-cubana-polo-norte-2.jpg“Como me gustaba mucho la investigación comencé a buscar profesores que les interesara el estudio del mar. Así fue como conocí al profesor Paul Myers, especialista en Oceanografía, y se convirtió en mi supervisor de máster y doctorado”, explicó

Después pudo formar parte de una expedición científica que a nivel mundial estudia la vulnerabilidad del océano Ártico al cambio climático. Permaneció en el Polo Norte 59 días, a donde llegó el 26 de agosto de 2014, junto al resto del equipo, patrocinado por el Alfred Wegener Institute (Alemania) y ArcTrain (Canadá/Alemania), a bordo del rompehielo alemán “Polarstern”.

Al responder una pregunta sobre el significado que ha tenido para ella integrar ese selecto grupo de científicos, dijo: “Me siento increíblemente afortunada. Tengo la oportunidad de investigar el Ártico, una región donde todavía hay mucho que aprender, y que está cambiando demasiado rápido”.

02-cubana-polo-norte-3.jpgEn cuanto a su impresión al pisar el Polo Norte por primera vez, habiendo nacido y vivido más de dos décadas en un país tropical, consideró: “Pensé que no había mucho frío, y encontré sorprendente que, aunque hubiera luz, no se veía nada, pues todo era blanco. Agradecí en silencio a toda mi familia y a mi profesor por el apoyo, ya que gracias a ellos estaba parada allí, en el medio de ese desierto ártico. Me sentí muy afortunada de poder participar en esa expedición, y descubrí que navegar en mares llenos de hielo me gusta más que navegar en mares sin hielo”.

Para esta amante y fiel defensora del ecosistema, cuidarlo es tarea de todos, así que considera que cada persona puede influir en la conservación y protección del medio ambiente con simples acciones como botar la basura en los latones, y recogerla del piso voluntariamente, así como contribuir al saneamiento de los ríos y las playas para reducir la contaminación.

02-cubana-polo-norte-5.jpgAl respecto, añadió que “necesitamos un medio ambiente saludable y limpio para sobrevivir. Los árboles nos dan sombra, y oxígeno, un océano y un bosque limpio también nos dan comida. La agricultura es importante pero hay que crear conciencia del efecto de los fertilizantes y pesticidas, y usar alternativas. El hielo del Ártico y la Antártica son como el aire acondicionado del planeta, y su presencia es importantísima para la circulación de aire en la atmósfera, y del agua y oxígeno en el océano”.

Al hablar de sus proyectos, señaló: “Todavía me queda mucho por aprender del Ártico. Continuaré usando modelos matemáticos en conjunto con muestreos y observaciones para explicar de forma más eficaz cómo responde el ecosistema marino Ártico al cambio climático”.

“También me gustaría contribuir con la sociedad como educadora. Y, como considero que trabajo y sueños deben ir juntos, recientemente acepté una oferta de trabajo en una ciudad que se encuentra dentro del círculo ártico, Tromso, Noruega, así que cumpliré otro de mis sueños de vivir como en El país de las sombras largas, con un verano con luz de sol por 24 horas y en el invierno en noches largas de 24 horas”, finalizó.