IIFT, eslabón fundamental de la fruticultura en Cuba

IIFT, eslabón fundamental de la fruticultura en Cuba

Negocios

El sector frutícola cubano constituye en la actualidad un eslabón importante en el desarrollo de la agroindustria del país, ámbito en el cual el Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical (IIFT) juega un papel fundamental por ser el proveedor de la base científica y técnica para lograr la sostenibilidad de esa rama económica.

No se puede hablar de la fruticultura cubana sin mencionar el trabajo desarrollado por el IIFT en los últimos años, debido a que ha potenciado el fomento de los cultivos con tecnologías más intensivas, que incluyen el empleo de mayor densidad de plantas por hectárea, técnicas para la reducción del tamaño de los árboles y la inducción de la floración, con incrementos sostenidos de la producción y calidad de las cosechas.

17-fruticultura-cuba-1.jpgAdemás de ello, la institución realiza actividades de investigación, capacitación y extensionismo agrario con el fin de sustentar el desarrollo de los frutales cubanos, para lo cual dispone de un banco de germoplasma con 47 familias, 70 géneros y 115 especies de frutales tropicales y subtropicales.

En ese contexto ha desarrollado un programa de mejoramiento genético de la guayaba, a partir del cual se han creado cuatro híbridos con potencialidades para su cultivo en el país.

Las áreas con cultivos de otros frutales están diseminadas por todo el territorio nacional. Aunque existen empresas especializadas pertenecientes al Grupo Agrícola (GAG), también hay 353 cooperativas dedicadas fundamentalmente a esas labores, ubicadas en todas las provincias y agrupadas en el Movimiento de Cooperativas de Frutales, así como otras áreas pertenecientes a empresas de varios organismos y nuevos productores que están teniendo acceso a tierras distribuidas según nuevas normativas.

En su conjunto, de acuerdo con los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e información (ONEI), en el 2020 existían en el país 106 300 hectáreas de frutales, excluyendo los cítricos, con una producción de 641 149 toneladas.

17-fruticultura-cuba-2.jpgEl sector frutícola cuenta con el 37.7 % de las áreas dedicadas al cultivo del mango, el 10 % de guayaba, el 4 % de papaya (frutabomba) y el 48.7 % de aguacate, piña y mamey, además de algunos frutales de poca presencia como anonáceas, marañón y caimito, entre otros.

Hay capacidad industrial instalada para el procesamiento de las frutas, conformada por grandes y pequeñas industrias a nivel local, ubicadas fundamentalmente en cooperativas. El destino principal de las frutas frescas y procesadas es el consumo nacional y otros niveles se exportan hacia países de la Unión Europea y Canadá.

Entre las prioridades de la estrategia para la recuperación de este sector, se incluyen el incremento de las exportaciones tradicionales como mango, aguacate, piña y frutabomba, y la búsqueda de nuevos frutales para exportar frescos o procesados.

El Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical también ha impulsado la creación de una sólida base científica en todos los eslabones de la cadena de valor de los cítricos, donde se destaca la implementación de un Sistema de Producción de Material de Propagación Certificado de Cítricos, encargado de entregar yemas y posturas de alta calidad genética y libre de enfermedades.

Este sector cuenta con el 48 % de las áreas dedicadas al cultivo de toronjas, el 45 % de naranjas, el 6 % de limas y limones y el 1 % de otros cítricos. En él laboran alrededor de 24 000 trabajadores y cooperativistas, y el procesamiento industrial de esas frutas dispone de una capacidad instalada de más de 800 000 toneladas, para la conservación y el embarque de las producciones obtenidas.

En este sentido, se potencia la posibilidad de que el sector privado se incorpore a la exportación de frutales para ayudar a enfrentar la actual crisis económica derivada de la pandemia de COVID-19 y el recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos.

17-fruticultura-cuba-3.jpgUn poco de historia

Los cítricos llegaron a Cuba en el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493 y en las expediciones de conquista de principios del siglo XVI se propagaron a México y América Central. Sin embargo, durante los cuatro siglos posteriores, este cultivo tuvo poca importancia económica en el país.

A inicios del siglo XX, arribaron a la mayor de las Antillas inmigrantes norteamericanos y europeos que fundaron varias colonias, de los cuales muchos eran citricultores de Florida en busca de tierras más cálidas.

Esos colonos introdujeron nuevas variedades y una cultura tecnológica de producción comercial con el objetivo principal de exportar a EE. UU. desde Gloria City, provincia de Camagüey, Ceballos, en Ciego de Ávila, Consolación del Sur, en Pinar del Río, y en la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud.

A partir de 1959 la citricultura cubana ha transitado por varias etapas, buenas y malas, vinculadas a escenarios socioeconómicos y fitosanitarios.

Uno de los períodos más difíciles se vivió a partir de la llegada de la enfermedad Huanlongbing a finales del 2006, considerada la más destructora de los cítricos a nivel mundial, lo que, unido al efecto negativo de eventos climatológicos adversos como huracanes e intensas sequías, propiciaron descensos productivos y de áreas cultivadas, a pesar de lo cual el país no ha renunciado a su desarrollo, pues prevé la adopción de múltiples acciones con vistas a recuperar el destacado lugar que ha ocupado dentro de la agricultura nacional.

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