Alejandro de Humboldt, el segundo descubridor

Alejandro de Humboldt, el segundo descubridor

Herencia y Tradición

Alina Gómez

Considerado uno de los fundadores de la geografía moderna, el eminente filósofo y naturalista alemán Alejandro de Humboldt realizó dos estancias en Cuba que, aunque breves, fueron trascendentales al punto de ser considerado el segundo descubridor de la isla. 

En 1799 emprendió viaje de exploración a tierras americanas: Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú, México y por último Estados Unidos, con resultados que sobrepasaron todas sus expectativas, y las de su compañero y colega, el botánico francés Aimé Bonpland.

Medir, deducir y correlacionarlo todo, desde los elementos climatológicos y astronómicos, el relieve, la calidad de las aguas y su movimiento fueron aristas de su labor investigativa.

Además, apresar y comunicar la impresión que a los sentidos confería una naturaleza espléndida, e interpretar de manera reveladora los acontecimientos sociales y la forma de relacionarse entre sí de los pobladores de los diferentes lugares por donde pasó también fueron el objeto de su aguda observación y de sus muy provocativas opiniones.

Su itinerario y permanencia en Cuba comenzó el 19 de diciembre de 1800 y se extendió hasta el 15 de marzo de 1801, cuando viaja a Cartagena de Indias.

Tres años después —proveniente del continente— revisitó la isla en una segunda y brevísima estancia que comprendió desde el 14 de marzo de 1804 al 29 de abril de ese mismo año.

Recorrió la amurallada ciudad de La Habana y su bahía llena de embarcaciones y varios poblados aledaños. En su periplo anduvo Guanabacoa y su cerro, la llanura de Güines y el marinero poblado de Batabanó, y la entonces floreciente villa de Trinidad.

Su libro Ensayo político sobre la isla de Cuba, publicado en París en 1826, contiene el resultado de sus notables contribuciones al conocimiento del entorno natural cubano, apenas reconocido en la literatura científica europea, y sus eruditas acotaciones sobre la cultura, la sociedad y sus instituciones.

Por las críticas que encierra la obra al pensamiento esclavista de la época y a todo su sistema de explotación en las Antillas y en otras regiones del mundo, las autoridades coloniales de la isla prohibieron su distribución y reproducción.

Es por ello que la primera impresión cubana de tan significativo libro no vio la luz en el país hasta el año 1930, cuando el destacado intelectual Fernando Ortiz preparó y dio a la imprenta una de las ediciones más completas que de esta joya bibliográfica se conoce.

Más de dos siglos después de la presencia de Alejandro de Humboldt en Cuba, proponerse andar los lugares que aparecen en su obra, sea por el mero hecho de recrearse con el paisaje, natural o humano, o por descubrir analogías o transformaciones, resulta un merecido homenaje a este distinguido explorador, y toda una aventura.