La fértil villa de San Julián de los Güines

La fértil villa de San Julián de los Güines

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Por Alejandro Rodríguez Ruiz

A orillas del río Mayabeque se encuentra Güines, localidad del occidente cubano fundada en la etapa colonial y conocida por las fértiles tierras en que se encuentra, a las que su himno municipal llama con justicia “valle extenso de eterno verdor”.

Ubicada a unos 54 kilómetros al sureste de La Habana, el nombre de la zona proviene de la voz Güinicaxina, con la que los aborígenes siboneyes de la región identificaban a la corriente del Mayabeque.

Historiadores señalan que la evolución del territorio estuvo vinculada a la aparición de hatos y corrales concedidos en calidad de mercedes a partir de la segunda mitad del siglo XVI, dedicados principalmente a la ganadería, así como a la agricultura de autoconsumo.

En las postrimerías de esa centuria se conoce la presencia en esos predios de inmigrantes de Islas Canarias que, además de frutos menores y viandas, fomentaron el cultivo de tabaco, rubro que llegó a alcanzar gran relevancia, al punto de que hojas de esa planta figuran en el escudo del territorio.

El desarrollo económico que fue experimentando la región, al que se incorporó también la caña de azúcar, convirtió a Güines desde el siglo XVIII en un importante centro productor y exportador, y cuna de la industria azucarera nacional, con 94 ingenios en toda su jurisdicción.

A San Julián de los Güines se le concedió el título de Villa en 1769, aunque no adquirió propiamente esa condición hasta 1817 debido a la oposición de la villa de Guanabacoa, que veía amenazados sus intereses.

Perteneciente en la actualidad a la provincia de Mayabeque, Güines es cabecera del municipio del mismo nombre, que abarca unos 435 kilómetros cuadrados, con alrededor de 66 mil habitantes.

En el entorno, la vegetación es exuberante, con presencia de palmas reales, framboyanes, ceibas, almácigos, cedros, pinos, casuarinas… y en la fauna pueden apreciarse aves como la cartacuba, el pájaro carpintero, el sinsonte, el tocororo y el tomeguín.

Vestigios de los antiguos ingenios azucareros, las elevaciones y cuevas de Candela, la playa del Rosario en la costa sur y otros sitios de interés contribuyen a los variados atractivos de la región güinera.