Leopoldo Romañach, grande de la pintura y la docencia

Leopoldo Romañach, grande de la pintura y la docencia

Artes Visuales

Cubaplus Magazine

Grande como creador y grande como maestro, Leopoldo Romañach Guillén, uno de los artistas que abrieron puertas a la pintura moderna en Cuba, figura entre los más relevantes exponentes de las artes plásticas nacionales.

Nacido el 7 de octubre de 1862 en el poblado de Sierra Morena, en la actual provincia central de Villa Clara, desde muy temprano se sintió inclinado hacia la pintura, pasión que defendió siempre a pesar de los deseos de su padre, comerciante de origen catalán, empeñado en que siguiera sus pasos.

Tras la muerte de su madre, se trasladó a España con sus hermanos, y en Barcelona estudió comercio. Aún muy joven, fue enviado a Nueva York para que se adentrara en la actividad comercial, sin resultados sobresalientes, aunque allí pudo apreciar obras de arte y técnicas de importantes pintores.

Tampoco en La Habana cumplió las expectativas paternas, pero el maestro Miguel Melero, director de la Academia de Bellas Artes San Alejandro, le permitió asistir a clases de colorido. Luego, en el curso lectivo 1885-1886, matriculó en ese centro, donde alcanzó notas sobresalientes.

En su formación artística se inscriben sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Roma, mediante una beca, tras los cuales trabajó un breve período en Nueva York y regresó a Cuba, donde se le ofreció la dirección de San Alejandro, que declinó para asumir el puesto de profesor de la Cátedra de Colorido el 20 de febrero de 1900.

Después viajó a París para estudiar las nuevas teorías pictóricas del impresionismo, con las cuales cambió los esquemas tradicionales de la enseñanza en la academia.

Al cumplir medio siglo de labor docente fue honrado con el título de Director Honoris Causa y Profesor Emeritus de la Cátedra de Colorido, entre otros numerosos reconocimientos nacionales e internacionales recibidos a lo largo de su vida.

Fallecido en La Habana el 10 de septiembre de 1951, al decir de estudiosos de su obra, Leopoldo Romañach, maestro de generaciones de creadores cubanos contemporáneos, fue un renovador del arte en su tiempo y con él concluyó la fase colonial en la pintura nacional y comenzó una nueva era.