Los cayos situados al norte de la faja costera de la provincia de Villa Clara, en la región central de Cuba, se están convirtiendo en destinos preferidos de visitantes de todo el mundo, quienes llegan hasta esos breves espacios de tierra sobre el mar para recrearse en un entorno privilegiado por la naturaleza, donde perduran leyendas de amores, piratas y desencuentros.
Se trata de un grupo de más de 500 islotes, ubicados en el extremo occidental del archipiélago Jardines del Rey, con una superfi cie total de 77 855 hectáreas, a unos 30 kilómetros frente al litoral norte de Villa Clara, en las cercanías de la segunda barrera coralina más grande del mundo.
Los cayos más conocidos por sus atributos naturales para encanto de los vacacionistas son Las Brujas, Ensenachos y Santa María, que en su conjunto combinan 17 kilómetros de playas naturales de arenas fi nas y son refugio de numerosas especies de la fl ora y la fauna.
Situados a unos 300 kilómetros al este de La Habana, la capital cubana, a estos tres islotes se puede llegar por vía aérea y también por tierra, gracias a una autovía de 48 kilómetros sobre el mar, que ha recibido reconocimientos internacionales por su construcción en armonía con la naturaleza y el medio ambiente en una zona declarada Reserva de la Biosfera.
La pista aérea para aviones de pequeño y mediano porte está en servicio en Cayo Las Brujas, un sitio que según cuentan sirvió de refugio a corsarios y piratas. Sin embargo, la leyenda a la que muchos se refieren nada tiene que ver con el bandidaje de esos navegantes, sino en torno a una joven doncella que huyó junto con su amado hasta este lugar para escapar de la ira de un tío celoso opuesto a esa relación amorosa. La gente que conoció ese accidentado romance bautizó a un pequeño islote cercano con el nombre de Cayo Borracho, como para patentizar el desprecio popular hacia ese furibundo tío.
Próximo a este lugar se encuentra varado desde 1933 el barco San Pascual, una reliquia de la ingeniería naval construido en 1920 en los astilleros de San Francisco, California, que sirvió de centro de operaciones de la armada estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, insertada en un proyecto turístico, la vieja embarcación guarda recuerdos de la presencia en estas aguas del afamado escritor estadounidense Ernest Hemingway y de las frecuentes visitas del conocido pintor cubano Leopoldo Romanach, quien desde su cubierta halló la inspiración para algunos de sus excelentes paisajes marinos.
Por su parte, Cayo Ensenachos es el hábitat de 22 especies endémicas de la flora y 39 de la fauna. Hace siglos sirvió de asentamiento a comunidades aborígenes. Su geografía en forma de herradura favorece que sus playas sean de aguas mansas, protegidas de los choques de grandes olas contra la costa.
Pero la mayor atracción la tiene Cayo Santamaría, que se identifica como la Rosa Blanca de Jardines del Rey, con 13 kilómetros de largo y uno de ancho. Allí, según la fábula, Rosa María Coraje llegó oculta en la bodega de un barco en busca del paraíso y de su amado, a quien localizó finalmente en las cercanías luego de sobrevivir escondida en los mangles.
Las Brujas, Ensenachos y Santa María comienzan a convertirse en novedad turística para visitantes de todas partes del mundo, con alojamiento de primera en los hoteles Royal Hideaway, Melí Cayo Santa María, Melí Las Dunas, Sol Cayo Santa María y Villa las Brujas, y recientemente el Sol Ways de la cadena Sirenis. En total estos cayos cuentan con una capacidad hotelera de 4 973 habitaciones, más del 90 % de categoría cinco estrellas.
Los amantes del descanso y sano entretenimiento hallarán allí un balance perfecto entre disfrute y naturaleza, en un lugar donde el visitante puede apreciar numerosas especies de reptiles, anfibios, peces, aves y mamíferos, muchas de ellas endémicas de la zona, además, 245 tipos de plantas.
Este panorama se complementa con un intrincado sistema de canales entre los cayos, que confiere al área la posibilidad de desarrollar programas turísticos destinados a la contemplación de la naturaleza y la actividad náutica, además de sol, arena y mar.
Los expertos vaticinan que estos cayos se convertirán en un futuro cercano en destino turístico de lujo del Caribe.