El 67 por ciento del archipiélago cubano es de formación cársica; por ello, este país se considera un paraíso para el turismo de naturaleza, especializado en senderos y recorridos para la observación de ecosistemas cavernarios, terrestres y marinos.
Hay cuevas que atesoran formaciones únicas en el mundo, como las fungiformes de la caverna Santa Catalina, conocidas como “Hongos de Zinolita”. Fue declarada Monumento Nacional en 1996 por su importancia y, cada año, es visitada por cientos de personas acompañadas de guías especializados.
Esta maravilla del carso cubano se localiza en Matanzas, muy cerca de su aeropuerto internacional, pero no es la única en la “Atenas de Cuba”. A unos cinco km se localiza la Cueva de Saturno que, de solo verla, invita a un refrescante baño en sus cristalinas aguas; cuenta, además, con un sendero sumergido entre formaciones cársicas para admirar la selecta vista de los espeleobuzos que deseen aventurarse en sus oscuras aguas.
Las Cuevas de Bellamar son el centro turístico más antiguo de Cuba (1862). Cuenta la historia que su descubrimiento se debe a un obrero que perdió su herramienta de trabajo en un profundo orificio que, luego de algunas exploraciones, develó un inmenso tesoro cársico.
Desde entonces, ininterrumpidamente, es visitada por el público de todas partes del mundo para admirar las bellezas cristalinas de “La reina de las cavernas de las Indias Occidentales”. Muestra formaciones secundarias de todo tipo: estalactitas, estalagmitas, columnas, helictitas, mantos, flores de cristal, cascadas de calcita y alas de mariposa, entre otras.
Entre 1910 y 1917 fue electrificada y también se construyó una sólida edificación sobre la entrada. La amplia variedad de formaciones pétreas hace fantasear al público, que cree observar huertos de zanahorias, capillas religiosas con los Doce Apóstoles, lechuzas, la mano de una mujer, el nacimiento del niño Jesús y el manto de Cristóbal Colón, entre otras.
Es la mayor de su tipo en Cuba y forma parte de un sistema cavernario que comunica con El Gato Jíbaro, Garibaldi y El Jarrito; esta última colmada de formaciones cristalinas. En conjunto alcanzan los 23 km de recorrido.
Pero realmente, las cavernas de mayor tamaño se localizan en “La Capital del Carso Cubano”, Pinar del Río, y se nombran Palmarito, con alrededor de 60 km, y “La princesa de las espeluncas cubanas”, Santo Tomás, un sistema cavernario de más de 45 km. Ambas forman parte del maravilloso paisaje de mogotes que representa Viñales, un sitio de obligada visita para quienes deseen observar amaneceres inolvidables.
También, para quienes deciden llegar hasta el destino turístico Viñales, es imprescindible navegar en bote por las apacibles aguas del río que atraviesa la Cueva del Indio, siempre acompañados de guías preparados para mostrar y explicar su interesante recorrido.
No todas las cuevas cubanas son de fácil acceso; en el Macizo de Guamuhaya (montañas del Escambray), a 57 km de la ciudad de Cienfuegos, hay caminos que llevan a la “Cueva de lo Superlativo”, Martín Infierno, cuyo nombre se debe a una leyenda popular la cual narra cómo terminó la vida de un cimarrón llamado Martín, que prefirió lanzarse al interior de la profunda cueva antes que ser capturado por los rancheadores y sus perros. El acceso a su interior se realiza con cuerdas de alpinismo y atesora la segunda estalagmita más grande del mundo, con una altura de 67 m.
En la provincia de Sancti Spíritus se puede visitar el Parque Nacional Caguanes, un penicayo que resguarda alrededor de 35 espeluncas notables, todas diferentes con respecto a fauna, valores cársicos e históricos.
El acceso puede ser por tierra o por mar, en embarcaciones desde el muelle de Playa Vittoria. Dentro de las visitas programadas están la Cueva Humboldt, con galerías amplias y pequeños sectores cubiertos por pinolitos (formaciones en el piso que semejan pequeños pinos).
El Pirata, un poco alejada del sendero principal, tiene gateras (espacio reducido y tubular que hay que atravesar a gatas) bien angostas y galerías con formaciones que parecen helados derretidos, tridentes, lámparas realmente inusuales. Los gours (formaciones que almacenan agua en las cuevas) tienen profundidades de hasta un metro. El recorrido finaliza en el Salón de las Maravillas, con estalactitas de más de dos metros cubiertas por helictitas muy finas; una combinación interesante.
La Cueva Grande de Caguanes refugia una población de murciélagos pescadores de gran tamaño. Como su nombre lo indica, se alimentan de pequeños peces que cazan en pleno vuelo rasante sobre la superficie del agua. Esta cueva se destaca también por ser la mayor de ese parque, con sus tres km de desarrollo. Cuenta también con el Lago Martí, comunicado con el mar por uno de sus boquetes, y atesora una rica fauna dulceacuícola que incluye esponjas cavernícolas de agua dulce, las cuales se creyeron desaparecidas por algunas décadas pero, recientemente, se relocalizaron.
Cueva Ramos atesora pictogramas (dibujos rupestres realizados por aborígenes) de tipo hojiforme (hojas) y rediforme (redes), principalmente. Estas representaciones son frecuentes en varias cuevas de Cuba y del mundo pero, en esta, las grafías son colosales y de impresionantes trazos.
Tres Dolinas sirve de refugio diurno a una amplia población del murciélago mariposa, el tercero más pequeño del mundo; y en la Cueva de los Chivos se puede hacer campamento para pernoctar.
En el oriente cubano, exactamente en el Parque Nacional Desembarco del Granma, se encuentra un sistema de terrazas marinas donde destaca, en diámetro y profundidad, el Hoyo de Morlotte: un inmenso agujero vertical de más de 70 m de profundidad y 55 m de diámetro que alberga en su interior un espejo de agua y un bosque siempre verde.
En Holguín se localizan las cavernas inundadas más grandes del país: Tanque Azul de Caletones, con alrededor de cuatro km de galerías, y Cristalitos de Papaya, impresionante y difícil de explorar en su totalidad (cuenta con alrededor de dos km explorados hasta hoy). Ambas forman parte del sistema subterráneo y espeleolacustre de Caletones y poseen la mayor cantidad de redes inundadas en el carst de Gibara, la “Villa Blanca de Cuba”.
No se puede dejar de mencionar el más desarrollado sistema espeleolacustre de Cuba en la Ciénaga de Zapata, con la región sur literalmente llena de casimbas como XXXV Aniversario (con 70 m de profundidad), Ilona, Cuba-Magyar y Cueva de los Peces; esta última, donde se puede nadar sin peligro en una laguna de 30 m de profundidad, adaptada en sus alrededores con diferentes ofertas para el disfrute turístico.
Pero no hay rincón que no tenga alguna maravilla espeleológica, y es que hasta en la Isla de la Juventud hay interesantes sitios cársicos, como la “Capilla Sixtina del Arte Rupestre Cubano”, nombrada así por los magnánimos murales pictográficos atesorados dentro de las Cuevas de Punta del Este.
A pesar del intenso trabajo realizado por investigadores de la Sociedad Espeleológica de Cuba, representada en sus inicios por el geógrafo y Capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez y otros especialistas de diferentes centros, aún queda mucho por explorar y descubrir dentro del fascinante mundo cavernícola cubano pues, como se dice popularmente, “Cuba es un queso”.