A 38 kilómetros de Baracoa, en el litoral de Nibujón, se revela Playa Mapurisí. Un arco de arena blanca bañado por aguas turquesas que cambian de tonalidad con el sol, sin infraestructuras turísticas. Allí el mar se protege tras una barrera de corales donde abundan los peces tropicales.
Muy cerca, también en Nibujón, se encuentra la singular playa homónima, un abrazo entre el río y el mar que da forma a uno de los tibaracones más hermosos de la región. La playa es a mar abierto, ideal para la práctica del surf. Pero la belleza del río Nibujón no se queda atrás. Sus pozas profundas, aguas cristalinas y cascadas con piscinas naturales invitan a la aventura. Y a orillas de este edén, una visita obligada es River Coffee. Allí, podrá degustar un café excepcional, cultivado en las montañas del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, maridado con la cocina tradicional de la zona. Una experiencia que despertará todos sus sentidos.
A un paso de Nibujón, despliega su leyenda la bahía de Taco, enclavada en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001. En esta zona marina protegida, podrá avistar al esquivo manatí antillano y descubrir las ruinas de un antiguo asentamiento norteamericano de los años 30, testigos de la explotación maderera y la exportación de plátano. No olvide visitar el cayo de Taco, un islote volcánico con flora única y vistas panorámicas de ensueño.
Más Allá de Nibujón: Joyas Costeras de Baracoa
• Maguana: Una playa de arena fina, palmeras imponentes y aguas de un azul intenso, donde se encuentran dos ranchones, ideales para degustar exquisitos platos de pescado fresco.
• Manglito: Un pueblo de pescadores donde las mesas se hunden en la arena y se sirve el refrescante “coco loco”
(agua de coco con ron).
Aventura en la montaña
El Yunque, emblema de Baracoa, se alza como una meseta de 575 metros con la inconfundible forma de un yunque de herrero. La caminata (2-3 horas) requiere calzado antideslizante, pero la recompensa es inigualable: vistas panorámicas y el frescor revitalizante de las cascadas del río Duaba, con sus piscinas naturales de hasta 50 metros de profundidad.
Recuerdo de Erislandy: al descender, paramos en una cabaña local a comer fruta fresca… ¡la piña aquí sabe a paraíso!
En el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, el sendero El Recreo le sumerge en bosques lluviosos con el 90 % de flora endémica. Busque al tocororo (ave nacional) y a la ranita de Monte Iberia, uno de los anfibios más pequeños del mundo. Allí podrá disfrutar de cascadas del río Nibujón, El Recreo y Santamaría. El río Toa, el más caudaloso de Cuba, ofrece paseos en cayucas (canoas típicas) y por sus alrededores puedes disfrutar de fincas, donde los campesinos ofrecen comidas autóctonas llenas de sabor cubano.
En el Cañón del Yumurí, farallones de 200 metros enmarcan un río esmeralda, invitando a caminar por senderos sombreados hasta las cascadas de Belete, cuyas aguas caen sobre pozas profundas.
Encuentro con la historia: de los taínos a los colonizadores
El centro histórico de Baracoa, primera villa de Cuba (1511), atesora joyas como el Fuerte Matachín y la Cruz de Parra, legada por Cristóbal Colón. Calles adoquinadas y casas coloniales pintadas de colores vibran con el aroma del chocolate.
En el Museo Arqueológico Cueva del Paraíso, tres salas exhiben artefactos taínos: collares de conchas, hachas petaloides y una réplica de un entierro ceremonial. Todo ello se encuentra en una cueva freática que combina arqueología con misterio.
En el Parque Natural Yara-Majayara, suba al Mirador de Majayara para disfrutar de una vista que abarca desde El Yunque hasta la bahía. En el Balcón Arqueológico, galerías calcáreas esconden petroglifos indígenas.
Conexión con las raíces: el Sendero del Cacao
En fincas familiares de la Reserva de la Biosfera Cuchillas del Toa descubrirá el proceso del cacao: desde la mazorca hasta la barra. Participe en la cosecha y pruebe el chorote (bebida ancestral de cacao con agua).
Baracoa no se visita, se siente en la piel. Aquí, el primer sol de Cuba acaricia las montañas antes que a nadie, y los ríos cantan historias taínas. Soy Erislandy, hijo de esta tierra y mi misión es que lleves en el alma el latido de la Ciudad Primada.
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