Considerados paraísos más allá de tierra firme, los cayos al norte de la provincia central cubana de Ciego de Ávila están entre los mejores polos de sol y playa del país, espacios que, más allá de las iniciativas para opciones de disfrute, dedican constantes acciones a su preservación.
Desempeña un papel fundamental en este propósito el Centro de Investigación del Ecosistema Costero (CIEC), ubicado en Cayo Coco, uno de los principales que conforman este destino avileño, integrado además por los cayos Guillermo, Paredón Grande, Antón Chico y Media Luna.
El archipiélago Jardines del Rey, con una franja de 465 kilómetros, se extiende por el noroeste de Cuba y es uno de los más extenso de los cuatro que rodean la isla grande del Caribe.
Una rica biodiversidad compuesta por una abundante flora y su fauna correspondiente rodea los islotes con más de 200 especies de aves y 340 variedades botánicas, en gran parte endémicas de la zona. También posee formaciones de original belleza, como cenotes, arrecifes, playas vírgenes, lagunas, fondos marinos, barrera coralina y paisajes costeros, entre ellos, las dunas.
La recuperación y protección de esos montículos es vital, no solo por lo beneficiosos que resultan para el resguardo de las playas, sino porque allí se ubican las dunas más altas del Caribe: las Lomas del Puerto, en Cayo Coco; y las de Playa Pilar, en Cayo Guillermo, con 15 metros de altura.
La búsqueda de soluciones ambientales para propiciar el desarrollo sostenible de ese sobresaliente polo turístico es, precisamente, el compromiso del Centro de Investigación del Ecosistema Costero, responsable de garantizar el cumplimiento de las normas ambientales en instalaciones hoteleras, extrahoteleras y turísticas, un sector de gran importancia para la economía nacional.
El monitoreo ambiental, la consultoría, la capacitación y la vigilancia de los ecosistemas se encuentran entre los principales servicios científicos y técnicos que ofrece el centro, explicó su Subdirectora, Liset Hernández.
Un equipo multidisciplinario se encarga del diagnóstico de las áreas al aire libre y del sector de playa donde se ubican las instalaciones, además de analizar el uso de fuentes de energía y la gestión de residuos líquidos y sólidos, productos químicos y residuos peligrosos, añadió.
Otro servicio importante incluye la evaluación del estado de los balnearios y la recomendación de buenas prácticas para su conservación, como base para el otorgamiento del Reconocimiento Nacional de Uso Turístico Ambiental de Playas, un producto turístico líder en Jardines del Rey.
El Director del CIEC, Maikel Gómez, destacó que el equipo también tiene la misión de realizar estudios de impacto ambiental antes de iniciar las inversiones, debido a la fragilidad de los ecosistemas costeros. Esta acción requiere un monitoreo estricto para mitigar los efectos negativos de los procesos antropogénicos, en armonía con los principios del turismo verde.
El nombre de Jardines del Rey se lo otorgó el colonizador español Diego Velázquez entre 1513 y 1514, en honor al entonces rey de España, Fernando el Católico. Tales parajes atrajeron a corsarios y piratas siglos atrás, y un poco más reciente al célebre escritor norteamericano Ernest Hemingway, quien los inmortalizó en su libro Islas en el Golfo, luego de recorrer sus costas en su yate Pilar, buscando submarinos nazis.
Hoy, estos cayos son parte de uno de los principales destinos turísticos de Cuba, con variedad de ofertas, ideales para un descanso activo, y la certeza de que se cuidan y protegen, como las joyas que son.