Valle de los Ingenios, más que una verde planicie

Valle de los Ingenios, más que una verde planicie

Destinos

Por Mayra Pardillo Fotos: Aslam Ibrahim Castellón Maure

El Valle de los Ingenios, enclavado en el centro sur de Cuba, es un sitio histórico rural donde se alzaron numerosos centrales azucareros, basados en la explotación de la mano de obra esclava.

02-valle-ingenios-1.jpgEste sistema de plantación en la región de Trinidad dejó un saldo de 73 sitios arqueológicos industriales con restos constructivos, como las casas de calderas, torres, pozos, enfermerías y cementerios, entre otros.

Bellísimas casas-haciendas fueron edificadas en ese lugar, muchas de las cuales han sido restauradas y recuperaron su esplendor de antaño.

Residencias como las de San Isidro de los Destiladeros, Guáimaro, Manaca-Iznaga, Guachinango y Buenavista se remozaron en distintos momentos y algunas prestan servicios de gastronomía y alojamiento.

02-valle-ingenios-2.jpgEsta última está entre las de más alto valor patrimonial e histórico. En tanto, y como dato curioso, aparece que la casa-hacienda Guachinango, cuyas referencias documentales datan de 1806, es la única finca ganadera en el valle con un estilo campestre que difiere de las restantes alzadas en la planicie.

Con una extensión de 253 kilómetros cuadrados y elevados valores paisajísticos, el verde valle ha sido fuente de atracción para quienes residen en la tercera de las siete primeras villas asentadas en la isla por los conquistadores españoles y para visitantes nacionales y extranjeros.

El centro histórico urbano de Trinidad de Cuba, fundada en 1514 por el Adelantado Diego Velázquez, fue declarado por la Unesco en 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad junto al Valle de los Ingenios.

Incluida en esta condición está la emblemática torre Manaca-Iznaga, rodeada de múltiples leyendas y vinculada de hecho a la historia azucarera al servir como atalaya y campanario para vigilar los extensos campos de cañas de los peligros de incendios, así como de fugas y sublevaciones de esclavos.

Hoy su objetivo es otro, muy distante de aquel por la que fue erigida, y a ella ascienden los que desean contemplar desde las alturas el Valle de los Ingenios. Fue la torre del otrora ingenio azucarero San Alejo de Manaca, ordenada su construcción por Alejo María del Carmen Iznaga y Borrell a finales de la década del 20 o principios del 30 del siglo XIX.

02-valle-ingenios-3.jpgUnos textos aseguran que tiene una altura de 43,5 metros, mientras que otros plantean que mide 45 metros, pero lo que no ha podido borrar el tiempo transcurrido es el misterio que la rodea y esas leyendas en que se repite la supuesta rivalidad de dos hermanos y la apuesta para ver quién construía la obra más profunda y la más elevada.

Cuentan que así surgió esta torre y también el pozo cercano.

Las litografías del francés Eduardo Laplante muestran de manera idílica aquellos ingenios azucareros que enriquecieron a los hacendados y transformaron a Trinidad en una próspera villa, dejando para la posteridad una rica arquitectura colonial y tradiciones artesanales excepcionales.

Trinidad arribó entonces al siglo XIX favorecida en lo económico y político. Posteriormente, en ese mismo siglo, llegó el aislamiento que, sin embargo, le permitió convertirse en una de las ciudades mejor conservadas de América.